“La ciencia ficción de mi juventud era la realidad venidera” —  Norman Foster

El arquitecto más carismático de nuestra época, Norman Foster se caracteriza por una trayectoria profesional que aúna desafíos sociales, técnica y futuro en una obra prolífera.

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Hijo único de una familia trabajadora de Manchester, el joven Norman se interesa por las máquinas y los aviones, sueña con el futuro que describe la ciencia-ficción, y descubre el mundo a través de sus lecturas en la biblioteca pública. Tras dos años empleado en el Ayuntamiento, consigue un trabajo administrativo en un estudio de arquitectura, y por las noches copia los dibujos de la oficina para disponer de un porfolio que le permita ingresar en la Escuela de Arquitectura. Una vez en ella, su destreza con el lápiz le hace ganar varios concursos de dibujo, y utiliza el dinero de los premios para recorrer Europa visitando los edificios que solo conoce por fotografías. Así se familiariza con la obra de Le Corbusier o de los daneses Kay Fisker, Arne Jacobsen y Jørn Utzon, pero también con la arquitectura clásica de Palladio, los espacios públicos de ciudades históricas como Siena y la construcción vernácula. Una beca le lleva a completar su formación en Yale con profesores como Paul Rudolph, Serge Chermayeff o Vincent Scully, a conocer la arquitectura y la sociedad estadounidense a través de extensos viajes por el país, y trabar amistad con el también británico Richard Rogers, con quien establecería su primera oficina —bajo el nombre de Team 4, con sus respectivas esposas Su Rogers y Wendy Cheesman— tras el regreso de ambos al Reino Unido.

LOS SESENTA DEL TEAM 4
El Team 4 tuvo una vida breve, 1963-1967, pero dejó al menos tres obras esenciales: el ‘Cockpit’(The retreat), un pequeño refugio en el estuario de un río para las excursiones de vela, realizado para los padres de Su y semienterrado entre los árboles con una capota de vidrio semejante a una cabina de avión —lo que explica el nombre que le dio Foster—, genuina semilla de buena parte de la obra madura del arquitecto; ‘Skybreak’, una casa escalonada con iluminación cenital que se integra en el paisaje ocultando a los vecinos, levantada todavía con albañilería convencional, y que Stanley Kubrick haría famosa al elegirla para rodar en ella La naranja mecánica; y la fábrica de Reliance Controls, proyectada y construida en diez meses con un sistema modular de ensamblaje en seco que combina losa con instalaciones, estructura metálica y cubierta de chapa corrugada, una ‘arquitectura grado cero’ inspirada por la California de Eames, Soriano y Koenig. Trabajando ya con su oficina independiente, Foster desarrolló en concursos como el de Newport los ‘umbrella buildings’ que siguen la pauta de Reliance, colaboró con su admirado Buckminster Fuller en proyectos que no llegarían a construirse, y levantó en los muelles de Londres un edificio de servicios para el naviero noruego Fred Olsen que fue tanto un logro técnico por su audaz y exquisita fachada de vidrio como un hito social, al crear espacios de ocio y restauración compartidos por empleados administrativos y trabajadores manuales.

LOS SETENTA, DE GRAN BRETAÑA A HONG KONG
El edificio de Olsen, hoy desaparecido, fue en su momento referencia fundamental para los que serían los grandes clientes de la oficina durante la década de 1970: IBM, para la que construyó una gran caja de vidrio en el paisaje de Hampshire que combinaba la estructura lacónica de Reliance y la cubierta única de Newport con la fachada reflectante de Olsen; Willis Faber, para la que levantó una nueva sede en Ipswich donde la refinada piel ondulante de vidrio es tan importante como la cubierta ajardinada o las oficinas paisaje que mejoran la calidad del espacio de trabajo y lo hacen adaptable al cambio; y el matrimonio Sainsbury, que igualmente visitó Olsen antes de encargar a Foster el centro de arte que lleva su nombre en la Universidad de East Anglia, un gran contenedor de doble piel y expresiva estructura, hangar y templo a la vez que quiso redefinir el papel y la imagen del museo, como de forma simultánea lo hacía en París el Centro Pompidou proyectado por Renzo Piano y su antiguo socio Richard Rogers. Al clausurarse la década, el estudio obtuvo un colosal encargo que le dio una visibilidad singular y lo proyectó a una escala global: el rascacielos sede del Banco de Hong Kong y Shanghái, promovido cuando ya se había pactado la devolución a China de la colonia británica, se propuso reinventar la torre como antes el Sainsbury había querido reinventar el museo, desplazando los núcleos técnicos al perímetro para dejar plantas diáfanas y un espectacular vacío central, y empleando una sofisticada y elegante estructura vista que contribuyó a hacerlo extraordinariamente popular, quizá el más conocido edificio de su autor, y una de las obras clave del siglo XX.

LOS OCHENTA, INFRAESTRUCTURAS Y PATRIMONIO
La revisión de tipos arquitectónicos se prolongó en la década de 1980 con la que habría de ser la más influyente de todas, porque si Sainsbury y Hong Kong fueron obras ejemplares, no consiguieron transformar el museo o el rascacielos como Stansted transformaría el aeropuerto. El tercer aeropuerto de Londres es un exquisito bosque de metal que levanta sus delgados árboles estructurales para sostener una cubierta leve y luminosa, posible sólo porque el arquitecto trasladó al sótano los equipos de climatización, algo que sería obligado en todos los proyectos aeroportuarios posteriores, que desde entonces se abrirían a la luz natural con cubiertas ligeras y lucernarios. En cierto modo, Stansted culmina una investigación técnica, geométrica y estética que viene desde Reliance y las primeras obras de construcción en seco; el Carré d’Art en Nîmes, sin embargo, inicia una nueva familia de obras urbanas —ensayadas en el proyecto no realizado para la BBC en Londres— que usando un lenguaje aún más depurado procuran enfrentarse a la complejidad de la ciudad y al diálogo con el pasado patrimonial, que en el caso del templo romano obliga a enterrar buena parte del programa para no imponerse de forma dominante al edificio histórico. La década se cierra en todo caso con dos encargos españoles que permitirían al británico expresar su interés en las infraestructuras volviendo a pensar las torres de comunicación con la aguja liviana de Collserola frente a Barcelona, y los túneles ferroviarios con la caverna exacta y los doseles transparentes del metro de Bilbao, dos obras magistrales que devendrían iconos de las ciudades respectivas.

LOS NOVENTA, DE BERLÍN A LONDRES
La última década del siglo XX, que vio a la oficina realizar proyectos tan colosales como el Commerzbank en Frankfurt, el rascacielos más alto de Europa, o el aeropuerto de Chek Lap Kok sobre una isla artificial frente a Hong Kong, la mayor obra del mundo, contempló también la intervención en edificios históricos de extraordinaria importancia cívica y simbólica, el Reichstag en Berlín y el British Museum en Londres. Para albergar de nuevo el Parlamento alemán, tras la reunificación del país y el traslado de la capital desde Bonn, Norman Foster remodeló un edificio asociado a la etapa más ominosa de la historia de la nación, dotándolo de una cúpula-mirador que sitúa a los ciudadanos por encima de sus representantes, y haciéndolo un modelo de construcción ecológica. Y en Londres, de forma simultánea, se aprovechó el traslado de la British Library a una nueva sede para recuperar el patio central del British Museum, transformado en un espacio público que protege una cubierta vítrea de sofisticada geometría: una intervención en el corazón de la ciudad que se suma a la remodelación peatonal de Trafalgar Square o al exquisito Puente del Milenio sobre el Támesis que une la catedral de San Pablo con la nueva Tate Gallery para conformar un conjunto de proyectos que persiguen —con la elegancia técnica del lenguaje contemporáneo— hacer más amable y geográficamente equilibrada la capital británica.

FOSTER EN EL NUEVO SIGLO
En el siglo XXI, Norman Foster continúa explorando con su obra dimensiones inéditas y desafíos casi inimaginables, mientras aborda grandes problemas humanitarios y procura anticipar el futuro colectivo en el marco de la Fundación que lleva su nombre. La ciudad de Masdar en Abu Dabi, que se quiere ecológica y autosuficiente, hibrida la sabiduría de la construcción tradicional en climas cálidos con la más refinada tecnología; la sede de Apple en Cupertino da forma en Silicon Valley al imaginario lacónico y exacto de la revolución digital, y rinde tributo a los diseños míticos de Steve Jobs, un cliente tan estimulante como en su día lo fueron Fred Olsen o los Sainsbury; y los proyectos de habitáculos en la Luna para la Agencia Espacial Europea o en Marte para la NASA proponen utilizar el regolito de estos cuerpos celestes para construir con robots cubiertas inspiradas en las estructuras celulares que resistan el impacto de los meteoritos. Y frente a esta galaxia de proyectos visionarios, la Fundación Norman Foster, que tiene su sede en Madrid, protege y difunde su archivo al tiempo que combina el conocimiento intemporal con la alta tecnología en diseños como el Droneport, un minúsculo aeropuerto para drones construido con técnicas vernáculas que espera servir de infraestructura de comunicación en zonas del mundo hoy desamparadas, o mientras reúne a investigadores y estudiantes de cinco continentes para anticipar los retos del futuro.

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Conversaciones con Norman Foster

Acaso el arquitecto más carismático de nuestra época, y el que más ha convocado en su obra la técnica y el futuro. Norman Foster desarrolla sus primeras obras con el Team 4, para continuar con la ‘arquitectura grado cero’ o construcciones en altura, a la que le sucederían obras tan innovadoras como el aeropuerto de Stansted, tan refinadamente urbanas como el Carré d’Art en Nîmes o el metro de Bilbao, y tan cívicas y simbólicas como las renovaciones del Reichstag y el British Museum. Foster continúa atendiendo los desafíos sociales y retos del futuro, a través de obras como la ciudad ecológica de Masdar o los habitáculos en la Luna.

Ficha

Título original
Conversaciones con Norman Foster
Año
2018
Duración
42min.
País
España
Director de la colección
Luís Fernandez-Galiano
Idea, producción y edición
Fundación Arquia
Realización
White Horse
Dirección creativa
Folch
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Conversaciones con Norman Foster

Publicación y documental

Acaso el arquitecto más carismático de nuestra época, y el que más ha convocado en su obra la técnica y el futuro. Norman Foster desarrolla sus primeras obras con el Team 4, para continuar con la ‘arquitectura grado cero’ o construcciones en altura, a la que le sucederían obras tan innovadoras como el aeropuerto de Stansted, tan refinadamente urbanas como el Carré d’Art en Nîmes o el metro de Bilbao, y tan cívicas y simbólicas como las renovaciones del Reichstag y el British Museum. Foster continúa atendiendo los desafíos sociales y retos del futuro, a través de obras como la ciudad ecológica de Masdar o los habitáculos en la Luna.

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<p class="mt0">Acaso el arquitecto más carismático de nuestra época, y el que más ha convocado en su obra la técnica y el futuro. Norman Foster desarrolla sus primeras obras con el Team 4, para continuar con la ‘arquitectura grado cero’ o construcciones en altura, a la que le sucederían obras tan innovadoras como el aeropuerto de Stansted, tan refinadamente urbanas como el Carré d’Art en Nîmes o el metro de Bilbao, y tan cívicas y simbólicas como las renovaciones del Reichstag y el British Museum. Foster continúa atendiendo los desafíos sociales y retos del futuro, a través de obras como la ciudad ecológica de Masdar o los habitáculos en la Luna. </p>
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